martes, 19 de enero de 2010

capitulo 1, Pedrito, un hombre con un tornillo en la pierna derecha

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Dicen de él, que era hombre de muchas palabras y pocos argumentos. Otros tan solo dicen que era algo tonto e inclusive hay quien dice, que era demasiado espabilado.
Lo cierto, es que yo, lo e tenido cuatro horas semanales, sentado frente a mí, durante el transcurso de un largo año, contándome las historias de su vida. Historias que por cierto soy incapaz de verificar su originalidad y mucho menos lo contrario. Son días como estos, cuando me pregunto para que tantos años de estudio en universidades caras, con profesionales de renombre. Pero por favor no nos perdamos, voy a intentar contar una etapa de su vida y digo intentar, pues me veo poco capaz de ello. Utilizare sus mismas palabras, recopilando fragmentos de aquí y de allá.



Salió de su casa, mejor dicho, de un cuarto prestado con derecho a baño colectivo, conseguido por amistades del pasado. Se adentro en la ciudad, a paso lento, recto, en tono militar, orgulloso era él de aquella su vieja ropa, bien planchada por cierto. Se dirigió al bar de Churri, como todas las mañanas que no sabia que hacer, que eran siete a la semana.
-Buenos días, señor.
Era su comentario con toda persona con la que se cruzaba, esperando una respuesta, mas aún alguien que se parase y poder entablar una conversación, pero con los pocos que se cruzaba, ninguno estaba por la labor, ni tan solo los que el tomaba por conocidos, pues estos al apreciarlo, aumentaban la velocidad de su andar si antes no habían podido cambiar de acera.
A lo lejos se divisaba el bar de Churri. Extrajo lentamente sus dedos largos de los bolsillos e intento peinarse, ya que soplaba algo de viento. Mas que arreglarse el peinado, se lo empeoro, pero ojos que no ven, corazón que no siente.
Abrió la puerta, acompañado por el rugir de unas bisagras oxidadas. Ante él una enorme barra de madera, carcomida por las polillas, haciendo juego con la suciedad que se acumulaba, tanto en el suelo como en las paredes y no hablemos de las sillas. Cuatro ancianos jugaban a cartas en un rincón, el tabernero leyendo el diario de deportes con un cigarrillo ya consumido entre sus labios. Era la gente de aquella mañana, la misma de siempre, cuatro ancianos jugando a cartas y el tabernero leyendo un diario de algún cliente que se lo dejase al huir de aquel lugar con prisas.
Pedrito que es el protagonista de la historia, se acerco a la barra justo enfrente del tabernero, que por cierto no se llamaba Chimo, pues era el primo del fundador, dejándole a él, el negocio con unas deudas que asta los proveedores dieron por perdidas.
-Tabernero, ponme una ración,- el tabernero levanto los ojos, mas no izo gesto alguno.
-¿De que la quieres hoy, Pedrito?,- fueron sus palabras intentando que no se le cállese el cigarrillo mientras hablaba, “labor mas que difícil”.
-Tomaría un vaso de vino,- dice Pedrito, mientras mira el espejo de enfrente intentando descifrar quien se reflejaba,- pero ya sabes que me sienta mal,- se rasca la barbilla y piensa unos segundos,- quizás una cerveza,- el tabernero ni movimiento. Pedrito levanta el dedo,- ¡alto!, no puedo, pues me provoca gases y es insoportable, agua no puedo, pues se podría oxidar el tornillo que tengo en el interior de mi pie derecho, que por cierto no se si te e contado alguna vez, que me lo pusieron al finalizar una batalla, en la guerra que tuve el honor de participar,- el tabernero hacia rato que había vuelto su mirada al diario,- sabes que, mejor tomare un palillo,- dice serio, confirmando su buena decisión.
-sírvete tú mismo,- fue la cruda respuesta del tabernero, al tiempo que daba la vuelta a la hoja del diario.
Pedrito alarga la mano y coge un palillo de un vaso metálico medio oxidado y sin color alguno. Sopla el palillo y con su andar erguido y orgulloso se acerca a los ancianos que juegan a cartas.
-Buenos días,- dice al tiempo que se sienta tras uno de ellos. Ninguno de los cuatro le contesta.
Se pone el palillo entre sus dientes y mordisquea la madera suavemente. Alarga la mano, tocando el hombro del anciano que tiene delante.
-Yo no tiraría esa carta.
El anciano lo miro con cara de rabia.
-¡Yo tiro la que me da la gana!,- fue la cruda respuesta.
-Pues que te de la gana de tirar la que te he dicho,- dice Pedrito contestando orgulloso, ya que eran las primeras palabras que le dirigían desde ayer al medio dia.
-¡Ya te envíe a la mierda ayer!, haber si hoy te tengo que volver a enviar también.
-Tengamos la fiesta en paz,- pronuncio Pedrito.
El anciano le dio la espalda, como todos los días y se dispone a coger la carta que tiene seleccionada.
-Yo,- dice Pedrito.
El anciano se gira con una mirada inquisidora.
-Me callo,- dice Pedrito, al tiempo que estiraba las manos y las coloca tras la nuca.
Así estuvieron más de una hora, observando Pedrito el juego que era incapaz de descifrar. “Sí yo supiese jugar, otro gallo cantaría”, se decía así mismo.
Se abrió la puerta del bar de Chimo y la alarma de la bisagra sonó de nuevo. Esta vez el tabernero se apresuro a levantarse. Por la puerta entro un hombre bien vestido, traje y corbata, con un mostacho que le tapaba el labio superior. Se acerco a la barra con cara de asco, al apreciar la mierda de aquel local.
-El señor Pedro, por favor.
-Allí sentado lo tiene,- contesta el tabernero, señalando con el dedo a Pedrito.
-Gracias.
El señor bien vestido con traje y corbata, zapatos relucientes y mostacho arreglado aunque algo canoso, se dirige a Pedrito, el cual le observaba desde que entro en el local.
-Señor Pedro.
Pedrito se levanto y le ofreció la mano.
-Usted dirá señor.
-Vengo a darle la información que me pidió por teléfono y a contratar sus servicios.
Pedrito no tenia teléfono, lo que es más, desde que había abandonado el ejercito no había hablado por el. Pero una oportunidad como aquella de charlar, no la podía desaprovechar.
-Por favor, sentémonos.
Se sentaron uno enfrente del otro, con una mesa en medio, con tres cervezas por recoger del día anterior. Antes de que empezara la conversación se acerco el tabernero.
-¿Desean algo?, señores.
El hombre bien vestido izo un gesto de asco, pero tras observar la sonrisa del tabernero, al que le faltaban dos dientes y los restantes se asemejaban más al negro que a cualquier otro color. Pide por no ser descortés.
-Un café.
El tabernero comenzó a girarse dirección a la barra.
-Yo tomare una cerveza,- dice Pedrito con voz orgullosa.
Se giro el tabernero y mira a Pedrito, era la primera vez desde hace un año que Pedrito le pedía una consumición.
-¿Pensaba que te hacían gases la cerveza?
-Hoy me encuentro mejor,- contesta Pedrito.
El tabernero se dirige a la barra.
El hombre bien vestido saco un sobre del bolsillo de la americana y se lo entrego a Pedrito. Este lo cogió y observo el contenido. Una fotografía de una bella muchacha, de una edad aproximada a la veintena. Junto a la fotografía una hoja con cuatro direcciones.
-¿Es usted un profesional, no?,- pregunto el hombre a Pedro comenzando a dudar, pues contra mas lo observaba más se lo pregunta.
-Por supuesto,- fue la cruda respuesta de Pedrito, en tono orgulloso,- ¿le e contado alguna vez como me hirieron en la guerra?.
No,- lo miro sorprendido,- solo hemos hablado una vez y por teléfono
-Fue hace ya algunos años,- comenzó Pedrito a narrar la historia,- cuando bajo mi mando, recaía la responsabilidad de la seguridad militar, del...
-Aquí tienen.
Interrumpió el tabernero, colocando el café y la cerveza encima de la mesa. Dejando en ella las consumiciones del día anterior.
Pedrito lo miro con cara de desprecio por haberle interrumpido. Cuando les vuelve a dejar de nuevo a solas.
-¿Por donde iba?,- dice Pedrito.
El hombre bien vestido, contesta con voz baja.
-Por que no hablamos del tema.
-¿Qué tema?,- pregunta Pedrito levantando la voz para que todos en el bar apreciaran que estaba manteniendo una conversación.
-El de mi hija señor, el que hablemos por teléfono.
-Perdón, son tantas las cosas que tengo en la cabeza, que abecés me desoriento,- se rasca la oreja con el dedo índice,- ¿qué me decía de su hija?
El hombre bien vestido miro hacia todas direcciones, observando a los ancianos jugar a cartas y al tabernero con una colilla entre los labios leyendo el diario.
-Mi hija se a marchado de casa,- dice el hombre bien vestido mientras se le sonrojan los ojos,- dejo una carta en su habitación, diciendo que estaba cansada de su vida...
-Perdone señor,- le corta Pedrito el relato al hombre bien vestido,- si no es mucho preguntar, asumiendo una atribución que no me corresponde, a pesar de ver sido un herido de guerra, lo cual no viene al caso y cuando dispongamos de tiempo le contare los menesteres, que por cierto fueron crueles y recuerdo tengo de ello en mi pierna derecha. Bueno resumiendo, ¿se a dirigido a la policía?, con esta información privilegiada que me esta ofreciendo.
-Si, señor Pedro me e dirigido y me han dicho que es mayor de edad y no pueden hacer nada. Por eso acudo a usted, un profesional.
-No lo dude,- se apresura a decir Pedrito,- y si de tiempo dispusiéramos, hazañas le contaría para confirmarlo. Pero prosiga no quiero interrumpir tal valiosa información, que me esta ofreciendo.
-Poco mas le puedo decir, hay en el sobre tiene su fotografía y las direcciones de sus amistades, al menos las que nosotros conocemos.
Pedrito volvió a mirar la fotografía de la muchacha, poniendo una cara de intriga, sin saber por que, pero considerando que correspondía.
-Es guapa su hija.
Miro al hombre bien vestido, reflejando este un rostro incierto.
-Bueno, no me mal interprete, digamos que es agraciada en su anatomía, lo que quiere decir, que ustedes sus padres en algo abran contribuido.
El hombre bien vestido intensifica su mirada, pero ya no de incierto si no de desespero.
-¿Es usted un profesional?
Pedrito tardo unos segundos en contestar, aprovechando para cambiar de postura en la silla, poniendo la pierna derecha sobre la izquierda.
-Me ofende buen amigo con esa pregunta. Creo verle mencionado que fui herido en batalla de guerra y ostentando un cargo de alta responsabilidad militar.
-Perdone pero esto no es el ejercito.
-Por eso mismo, no considerare su ofensa. Déjeme pensar un poco.
Pedrito se llevo los dedos de la mano derecha a la barbilla y se dijo así mismo, “que hacia tres días que no se afeitaba”.
Cuando Pedrito termino de hacer ver que pensaba en algo, pregunto al hombre bien vestido con traje y corbata.
-¿Y no a preguntado usted en esas direcciones?
El hombre bien vestido, tras su sorpresa por la pregunta le contesta.
-Claro que e preguntado, pero no me han sabido informar, por eso quiero contratar sus servicios.
-Claro, claro, entiendo,- deja de tocarse la barbilla, tomando la decisión, de si le quedaba alguna cuchilla en condiciones de uso, se afeitaría a la mañana siguiente.
-¿Acepta el caso, señor?,- pregunta el hombre bien vestido con no mucha seguridad.
-Lo e de aceptar por orgullo y sobre todo por profesionalidad, aunque e de reconocer que la información que usted me esta ofreciendo es escasa, pero para un veterano de guerra, herido por cierto en pierna derecha, llevando un tornillo a modo de recuerdo de la valentía demostrada en el campo de batalla, considero que a de bastar…
-Deberíamos de hablar de su remuneración- interrumpe el buen señor con traje y corbata.
-¿De que a dicho?
-Lo que costara económicamente hablando, lo que le debo de anticipar, no se, es la primera vez que contrato un detective.

Pedrito volvió a llevarse su mano al rostro y volvió a pensar en su interior, “ahora entiendo, este hombre que por cierto no se su nombre, ¿se lo e de preguntar?, me quiere contratar para que encuentre a su hija y además me quiere pagar por ello, seguro que a oído hablar de mi en algún ambiente militar”, bajo los ojos y los dirigió seriamente al hombre bien vestido.
-Dinero, dichoso dinero, ¿por qué aremos todo pensando siempre en el dinero?
El hombre extrajo un sobre del bolsillo interior de la americana y se lo acerco a Pedro.
-Tenga, para empezar creo que tendrá bastante, si necesita mas pídalo, en el interior del sobre esta mi tarjeta, con el numero de casa y el mobil, el cual llevo siempre.
Pedrito cogió el sobre y lo dejo encima de la fotografía, ni tan solo lo abrió.
-Gastos, dinero,- levanto la mano derecha, haciendo un semicírculo en el aire,- querrá una información detallada, es decir, digamos precisa.
-Le agradecería que me llamara diariamente, comunicándome los avances de la investigación.
-Claro los avances, a utilizado usted una expresión muy adecuada. Por cierto, nosotros en el ejército siempre intentábamos utilizar las palabras idóneas para cada momento. Por cierto, ¿su nombre?
-Ricardo Aguirre Asensio.
Después de unos minutos se despiden, dándose la mano, al argumentar el hombre bien vestido, que tenia que atender a unos menesteres y no podía escuchar el como estoicamente se había herido en la pierna, en el transcurso de una batalla. Antes por cierto de irse le comenta a Pedrito que le mencionase al tabernero, que en el cartel superior de la entrada le faltaban las letras A, N, para decir ánimo.
Pedro se queda sorprendido, pero le contesta que se lo diría. Jamas antes había apreciado un cartel en la entrada.
Se termino la cerveza, mientras observaba el café que el buen hombre ni tan solo había tocado, también quiso descifrar el color de la taza, dándose por vencido.
Abrió el sobre, creyendo que no abría mas de cincuenta Euros en su interior y cual fue su sorpresa al apreciar una cantidad que jamas antes sus ojos habían visto.
Una vez pasados diez minutos, que fueron los necesarios para que Pedrito se mentalizara de lo que acababa de ocurrir, se levanta y se dirige al tabernero y con voz de orgullo y seria a la vez le dice.
-¿Por qué me has engañado durante todo este tiempo?
El tabernero levanta la mirada del diario, sosteniendo entre sus labios la misma colilla.
-¿De que coño hablas?
-Siempre dijiste que este bar se llamaba Chimo y ahora resulta que se llama Animo y me e tenido que enterar por una persona venida de fuera.
El tabernero se rió con una sonrisa burlona, haciendo verdaderos esfuerzos para que no se le caiga la colilla. Le contesto cuando la sonrisa abandono su rostro.
-Este es el bar Chimo, el que falte alguna letra no es culpa mía, a si me lo entregaron. El bar Animo esta tres calles mas abajo.
-Acepto tus disculpas y fíjate si las acepto que te contare por que llevo un tornillo en la pierna derecha...
El tabernero suspiro y bajo de nuevo la mirada para leer el diario. Pedrito al apreciar el gesto, le dice al tiempo que se gira y le da la espalda.
-Te dejo en tu cutre bar, tengo menesteres que llevar a cabo.
-¿Quién coño paga eso?
No recibió contestación alguna.

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